Cómo enseñar a tu perro a acudir a la llamada
Escrito por Jesús Sánchez Diago
10 de September de 2026
Un perro que vuelve cuando lo llamas atraviesa sin consecuencias el ciclista que aparece de golpe, la carretera al final del camino y el otro perro que no tiene ganas de saludar. Uno que no vuelve convierte cada rato suelto en una apuesta.
La llamada se entrena, y se recupera incluso cuando ya está medio estropeada, aunque el proceso tiene poco que ver con repetir su nombre cada vez más alto. Los ejercicios para trabajar la llamada en el perro parten siempre del mismo principio: que volver contigo sea la mejor decisión que puede tomar en ese momento. Aquí tienes el material, el método por fases, tres juegos que lo consolidan y los cuatro errores que dejan la palabra inservible.
Qué es la llamada y por qué es la orden que puede salvar la vida de tu perro
La llamada, o recall, es dejar lo que esté haciendo y venir hasta ti a la primera. Las dos partes cuentan: un perro que levanta la cabeza, te mira y sigue olfateando no ha respondido, solo ha reconocido un ruido.
Es la única orden que interrumpe algo ya empezado. «Sienta» o «quieto» se piden con el perro relativamente disponible; la llamada se pide justo cuando ha salido detrás de un gato o cuando está a quince metros de un coche. Por eso merece más entrenamiento que el resto de las órdenes básicas en positivo juntas, y conviene empezarla el primer mes en casa, antes de necesitarla.
Recall vs. «ven aquí» a secas: por qué merece su propio entrenamiento
Casi todo el mundo cree que ya la ha enseñado porque el perro acude en el salón. El problema aparece con lo que los educadores llaman generalización: el perro aprende «ven» en el pasillo, con la casa en silencio y una loncha de pavo delante, y da por hecho que esa palabra vale también en un pinar con conejos. No vale. Cada entorno nuevo baja el nivel de respuesta, y hay que volver a subirlo con repeticiones en ese entorno concreto. Por eso se trabaja por fases, mientras el resto de trucos se resuelven en unas cuantas sesiones de salón.
Antes de empezar: material, premios y entorno
Correa larga o línea de campo
Es la pieza que permite entrenar en exteriores sin arriesgar. Con una correa larga o línea de campo de 5 a 10 metros, el perro tiene margen para alejarse, olfatear y perder el interés en ti, que es justo la situación que quieres practicar, y tú conservas la opción de impedir que se marche.
Engánchala siempre a un arnés, nunca al collar: si sale de golpe y la línea se tensa, el tirón sobre el cuello puede hacerle daño. Déjala arrastrar por el suelo en lugar de llevarla tirante, porque una correa en tensión permanente enseña al perro a venir empujado.
Premios de alto valor y refuerzo
El pienso del desayuno no compite contra el rastro de un jabalí. Para la llamada se reserva lo que el perro solo consigue así: pollo hervido o queso en trocitos del tamaño de un guisante, guardados en una riñonera y sin usarlos para nada más.
Todo el método se apoya en refuerzo positivo: cada vez que el perro llega, pasa algo bueno. Sin excepciones durante las primeras semanas, incluso cuando ha tardado veinte segundos y venía de comerse algo del suelo. Ha venido, cobra.
Elegir el momento y el lugar sin distracciones
Empieza con el perro algo hambriento, en casa o en un espacio cerrado que conozca, y en sesiones de tres a cinco minutos. Mejor dos cortas al día que una larga: un perro saturado deja de responder por aburrimiento, y así aprende que la palabra puede ignorarse.
Un apunte legal: las ordenanzas municipales varían mucho en España y en muchos sitios solo se puede soltar al perro en zonas habilitadas. Usa la línea larga hasta tener un sitio donde soltarlo sea legal y seguro.

Cómo enseñar la llamada paso a paso
Cuatro fases, cada una construida sobre la anterior. No pases a la siguiente hasta que responda nueve de cada diez veces; si falla más, has subido demasiado rápido y toca bajar un escalón.
Paso 1: elige y «carga» la palabra de llamada
Escoge una palabra corta y distinta de las que ya usas cien veces al día. «Aquí» y «ven» funcionan bien; el nombre a secas, mal, porque lo oye para todo. Si la llamada anterior está quemada de tanto ignorarla, estrena palabra nueva y deja la vieja para siempre.
Cargarla consiste en asociarla a comida antes de pedirle nada: con el perro delante, dices «aquí» y le das un premio, sin que tenga que moverse. Diez o quince veces, dos o tres días, hasta que la palabra anuncie algo bueno.
Si te manejas con el clicker, este es el punto donde entra: marcar la conducta con clicker en el instante exacto en que el perro se gira hacia ti acelera bastante las fases siguientes. Sin clicker, un «sí» corto y siempre igual hace el mismo trabajo.
Paso 2: refuerza en casa, sin distracciones
Ahora sí le pides el movimiento. Con el perro a dos o tres metros y entretenido en algo, dices su nombre una vez y después la palabra de llamada, en tono alegre. En cuanto arranque, anímalo con la voz durante todo el recorrido, y cuando llegue, premio y fiesta de diez segundos.
Aprovecha esta fase para añadir el gesto de collar: mientras come, le tocas el collar o el arnés con suavidad y le das otro premio. Un perro al que solo se le agarra el collar cuando se acabó la libertad termina frenando a un metro de tu mano.
Paso 3: añade distancia con la correa larga
Al parque tranquilo, con la línea enganchada al arnés. Deja que se aleje y olfatee unos minutos hasta que esté a lo suyo, y entonces llamas una sola vez. Si viene, premio grande y lo sueltas otra vez a olfatear: volver contigo no puede significar que se acabó el paseo.
Si no viene, ni repitas ni tires de la correa. Haz algo que le llame la atención (una palmada, o salir corriendo en dirección contraria) y premia igual cuando llegue. La línea está para que nunca pueda irse tras ignorarte, jamás para arrastrarlo.
Paso 4: generaliza a la calle y a las distracciones
Aquí se decide todo. Sube la dificultad de una en una: más distancia en el sitio conocido, el mismo ejercicio en un sitio nuevo tranquilo, después con otro perro a cincuenta metros y más tarde a veinte. Cambiar dos variables a la vez es la forma más rápida de acumular fallos.
Mientras esta fase dure, el perro sigue con la línea larga. Si te mueves por monte o zonas amplias, un collar GPS como red de seguridad ayuda a localizarlo el día que se pierda de vista, aunque conviene tenerlo claro: localiza a un perro que ya se ha ido, y evitar que se vaya es cosa del entrenamiento.

Ejercicios y juegos para reforzar la llamada
Los tres convierten la palabra en el inicio de algo divertido, con muchas repeticiones y sin parecer obediencia. Mételos en el paseo, cinco minutos, y déjalo antes de que se canse.
Ping-pong entre dos personas
Dos personas a diez o quince metros, cada una con premios. Una llama, el perro va y cobra; en cuanto termina, llama la otra. Seis u ocho carreras y se acaba. Automatiza el arranque, que es la parte que más falla, y va muy bien con perros jóvenes.
El escondite
En casa o en un parque con arbolado, te escondes mientras alguien lo entretiene y llamas una vez: el perro tiene que buscarte con el olfato y el oído. Es el que mejor refuerza la conducta de fondo que quieres en el campo, la de mantenerte localizado; a muchos perros les gusta tanto que empiezan a mirar atrás por su cuenta.
Recall con retención (restraint recall)
Alguien sujeta al perro por el pecho con suavidad mientras tú te alejas corriendo y haciendo ruido. A veinte metros te giras y llamas, y en ese momento lo sueltan: la retención le genera ganas de salir disparado y llega a toda velocidad. Es el mejor ejercicio para trabajar la llamada en el perro que responde con desgana, siempre que la sujeción sea suave y él no muestre agobio.

Por qué tu perro no viene cuando lo llamas (los 4 errores que la arruinan)
Cuando un perro deja de acudir, casi nunca se debe a que no entienda la palabra: ha aprendido, con nuestra ayuda, qué pasa después de venir. Estos son los cuatro errores que lo provocan:
- Llamarlo para algo que no le gusta. Para el baño, para cortarle las uñas, para meterlo en el transportín o para poner la correa. Bastan unas semanas de esto para que la palabra anuncie el final de lo bueno. Ve tú a buscarlo en esos casos, y para terminar el paseo, llámalo, premia, camina veinte metros y ponle la correa después.
- Repetir la orden. «Aquí, aquí, Toby, aquí, ¡aquí!». Cada repetición ignorada enseña que la palabra admite tres o cuatro pases antes de ir en serio. Se dice una vez; si no funciona, se le ayuda con movimiento o ruido, nunca con más palabras.
- Quemar la palabra sin pagarla. Usarla veinte veces al día por costumbre, sin premio, hasta convertirla en ruido de fondo. Durante el entrenamiento, cada llamada cobra; más adelante el premio se vuelve intermitente, aunque nunca desaparece.
- Regañarlo cuando por fin llega. Tardó dos minutos, tú estabas nervioso y le gritaste al llegar. Él no relaciona la bronca con haberte ignorado antes, la relaciona con lo último que hizo, que fue venir. Aunque cueste, al perro que viene se le premia siempre.
Si el problema ya está instalado y si tu perro se escapa y no obedece de forma habitual, cambia la palabra y reconstruye desde el Paso 1, con la línea larga puesta en todos los paseos mientras tanto.
¿Cuánto se tarda y cómo se mantiene la llamada?
Con sesiones cortas diarias, un perro sin malas experiencias previas suele responder bien en casa en una o dos semanas y en exteriores conocidos en uno o dos meses. La llamada fiable con distracciones fuertes (otros perros, caza, ciclistas) lleva bastante más, y en perros con mucho instinto de persecución puede no llegar nunca a ser total. Son plazos orientativos: dependen del carácter, de la edad, de la raza y de cuántas veces se haya ignorado la palabra antes.
El mantenimiento importa más que el aprendizaje inicial. Una llamada que deja de premiarse se degrada en cuestión de meses, sin avisar, y te enteras el día que hace falta. Basta con reforzarla de forma esporádica durante toda la vida del perro: unas cuantas llamadas premiadas por paseo y algún premio excepcional cuando responde rápido en una situación difícil. Tras un cambio grande (una mudanza, un susto en el parque), baja un escalón de dificultad y reconstrúyela en dos o tres sesiones.
Preguntas frecuentes sobre la llamada
¿Qué palabra es mejor para llamar a mi perro?
Cualquiera que sea corta, fácil de gritar y que no uses para otra cosa. «Aquí» y «ven» son las habituales, y un silbido corto funciona igual de bien y llega más lejos en el campo. Lo que peor funciona es el nombre a secas: lo oye cuando le hablas, cuando le riñes, cuando lo saludas al llegar a casa y cuando cuentas algo suyo a otra persona.
¿Se puede enseñar la llamada a un perro adulto?
Sí, con el mismo proceso. La diferencia es que un adulto trae historial: si la palabra anterior lleva años ignorándose sin consecuencias, arranca con una nueva. Con perros de acogida, dedica más tiempo a las fases de casa antes de salir.
¿Cuándo puedo soltarlo sin correa con seguridad?
Cuando responda a la primera de forma constante con distracciones reales, y siempre donde esté permitido y sin carretera cerca. El paso intermedio útil es una zona vallada, practicando allí varias semanas. Los perros de razas consideradas potencialmente peligrosas llevan correa obligatoria en la vía pública, respondan como respondan.
Empieza esta misma tarde por el Paso 1, con la palabra elegida y quince trocitos de pollo: cinco minutos de trabajo. El resto es repetir en sitios cada vez más difíciles y no gastar nunca la palabra en algo que a tu perro no le apetezca.